La Organización Mundial de la Salud, siendo el organismo especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención a nivel mundial en la salud, ha recibido una aportación fija desde su creación por parte de los estados pertenecientes a la misma, dicha aportación se calcula basándose en el nivel de riqueza y la población del país. Sin embargo, dicha aportación con el paso del tiempo se ha ido reduciendo representando actualmente menos de una cuarta parte de la financiación de la organización y recibiendo el resto de aportaciones voluntarias.

A partir del reciente brote de coronavirus a nivel mundial, la OMS ha estado en la mira de todos los países, por lo que recientemente el mandatario estadounidense ordenó el martes pasado suspender las contribuciones de Estados Unidos a la organización, manifestando que la medida se aplicaría mientras se realizaba una revisión del papel de la OMS ante las «graves» fallas en la gestión de la pandemia del covid-19, así como en el presunto «ocultamiento» del alcance de los contagios.
Así mismo, el mandatario manifestó que la pandemia se pudo haber contenido con «muy pocas muertes», se hubieran salvado muchas vidas y se hubiera evitado un daño económico global, esto debido a que en los últimos días la pandemia empeoro en Estados Unidos y los medios empezaron a manifestar una tardía reacción del gobierno.
Ante la drástica decisión del presidente Trump, el secretario general de la ONU Antonio Guterres manifestó que «No es el momento de reducir el financiamiento de las operaciones de la Organización Mundial de la Salud o de cualquier otra institución humanitaria que combate el virus» además dijo que son momentos en los que el apoyo a dicha organización es absolutamente esencial para ganar la guerra contra el virus.